Valve está reescribiendo las reglas de la VRAM en Linux antes de que llegue la Steam Machine.
Antes de que su nueva consola de sobremesa llegue a las tiendas, Valve ya está trabajando en silencio para que funcione mejor que nadie. Y lo está haciendo donde menos lo esperarías: en el corazón del kernel de Linux. Cuando juegas en Linux con una tarjeta gráfica de 8 GB de VRAM la memoria dedicada que usa la GPU para procesar texturas, imágenes y todo lo visual, llega un momento en que esa memoria se llena. En ese punto, el sistema tiene que mover algunos datos a la RAM convencional del ordenador, que es bastante más lenta. Eso se llama desalojo, y en sí mismo no es un problema. El problema era cómo lo gestionaba Linux hasta ahora. El sistema operativo no distinguía entre los datos del juego que estás jugando en ese momento y los de una pestaña de Chrome que dejaste abierta hace dos horas. Para Linux, todo era igual de importante. El resultado: podía desalojar texturas críticas de tu juego para mantener en memoria aplicaciones que ni siquiera estás usando. De ahí venían esos tirones inexplicables, esas bajadas de framerate de fluidez de imagen que aparecían sin motivo aparente.