LibreOffice 26.8.1: unos 40 arreglos para DOCX, XLSX y CSV

Publicado el 3 de octubre de 2026, 9:05

Si usas LibreOffice y de vez en cuando te toca abrir el Word que te manda un cliente, el Excel de la gestoría o la presentación de alguien que nunca ha oído hablar de los formatos abiertos, ya sabes que la compatibilidad con Microsoft Office es la letra pequeña de la ofimática libre. Justo ahí apunta LibreOffice 26.8.1, la primera revisión de mantenimiento de la rama 26.8, que la comunidad del proyecto ha dado a conocer en octubre. Trae alrededor de cuarenta correcciones y ninguna función nueva. Lejos de ser una decepción, es lo que se espera de un .1.

Por qué una versión sin novedades sí importa

Conviene empezar por el nombre. LibreOffice numera sus versiones por año y mes, y esa cifra de la derecha, el .1, indica que estamos ante la primera actualización de mantenimiento sobre la versión base. No hay botones nuevos ni menús reorganizados, no hay nada que estrenar. Hay arreglos de cosas que fallaban.  Es fácil menospreciar este tipo de lanzamientos porque no dan titulares. Yo creo que es al revés: una versión base se prueba en laboratorio y con los voluntarios que la siguen de cerca, pero los fallos de verdad aparecen cuando miles de personas la ponen a trabajar con sus archivos reales, los viejos, los raros y los que arrastran veinte años de historia. La primera revisión es donde ese aprendizaje se convierte en parche. Las correcciones están listadas en las notas de la RC1, la versión candidata que sirvió de base, para quien quiera repasarlas una a una. Eso sí, aquí conviene ser cauto. Con una cifra redonda como cuarenta es tentador imaginar una revolución silenciosa, y no lo es. Es una puesta a punto, y como tal hay que valorarla.

DOCX, XLSX y PPTX: la frontera con Microsoft Office

El primer bloque de mejoras afecta a la compatibilidad con los formatos de Microsoft Office: DOCX para Word, XLSX para Excel y PPTX para PowerPoint. Según el anuncio, se han corregido fallos que podían aparecer al abrir, editar o guardar estos documentos, de modo que el intercambio con quien trabaja en el ecosistema de Microsoft debería dar menos sobresaltos.

Para entender por qué esta frontera es tan delicada, ayuda saber qué es un DOCX por dentro. Es básicamente un paquete comprimido que contiene un montón de ficheros XML, y esos ficheros describen desde el texto hasta los estilos, las tablas o las imágenes. Interpretar todo eso exige que otro programa, que no es Word, reproduzca decisiones de maqumaquetación pensadas para Word. Basta un detalle mal leído para que una tabla se descuadre o un salto de página aparezca donde no toca. Si hablamos de hojas de cálculo o presentaciones, la historia se repite con otros ingredientes. El anuncio no detalla caso por caso qué documentos se arreglan, así que no voy a prometerte que el archivo que te da guerra desde hace meses se abrirá bien de repente. Lo que sí puedes esperar, si compartes documentos con compañeros, clientes o administraciones que usan Office, es que haya menos sorpresas de formato y que el contenido se parezca más al original. Quien vive de intercambiar archivos sabe lo que vale eso.

Texto y CSV: cuando los acentos se convierten en jeroglíficos

El segundo bloque es menos vistoso, pero a mucha gente le ahorrará más de un disgusto: la importación de archivos de texto y CSV. La nueva versión hace esta tarea más fiable cuando los ficheros usan codificaciones como UTF-16, ISO Latin 1, chino o japonés. Una codificación es, dicho sin florituras, la tabla que dice qué número corresponde a qué letra. Si un archivo se guardó con una tabla y el programa lo lee con otra, aparecen esos símbolos extraños en lugar de las ñ y las tildes, algo que seguro has visto alguna vez. ISO Latin 1 es una codificación clásica de las lenguas de Europa occidental, y por eso aparece con frecuencia en archivos antiguos en español. UTF-16 es una representación de Unicode que usan muchos programas, sobre todo en entornos Windows. Las codificaciones chinas y japonesas, por su parte, cubren sistemas de escritura con miles de caracteres.

Que se mencionen estos casos refuerza el interés del proyecto por los distintos sistemas de escritura. Y a nivel práctico, si abres listados, informes o bases de datos exportados desde otras herramientas, cuanto más limpia sea la importación, menos ajustes manuales harán falta después para dejar los datos en condiciones. Es de esos arreglos que no notas hasta el día que antes te hacían perder media hora.

¿Actualizar ya o esperar?

La actualización ya está disponible para descargar y va dirigida a quienes siguen la rama 26.8. Si tu entorno de trabajo es conservador, porque dependes de macros delicadas, de plantillas heredadas o simplemente de que todo funcione a primera hora del lunes, tiene sentido esperar un poco o planificar el salto con calma. Quien ya esté en la 26.8 tiene pocos motivos para no dar este paso, sobre todo si pasa el día entre archivos de Office y hojas con datos de procedencia dudosa.

Lo curioso de este tipo de lanzamientos es que miden la madurez de un proyecto mejor que los grandes anuncios. Una suite ofimática se juzga por lo bien que se porta con los archivos de los demás, no por la cantidad de funciones que estrena cada otoño, y quizá por eso este .1 aburrido diga más de LibreOffice que muchas versiones con fanfarria. La pregunta incómoda es cuántos de nosotros nos acordamos de agradecer lo que funciona sin que lo notemos.

 

Fuente: The Document Foundation

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