Hay momentos en la industria tecnológica en los que algo cambia de verdad. No un ajuste menor, no una mejora incremental. Un giro real. Y lo que ha provocado Apple con Apple Silicon entra de lleno en esa categoría.
Antes de que Apple decidiera romper con Intel y lanzarse a diseñar sus propios chips, los portátiles con arquitectura ARM eran, siendo generosos, una rareza. ARM dominaba sin discusión el mundo del smartphone, sí, pero en los ordenadores tradicionales seguía siendo terreno casi exclusivo de x86. Intel y AMD jugaban solos esa partida. Durante años.
Cinco años después, el tablero es otro. Y no, no es una exageración.
Un estudio reciente de Mercury Research deja claro el impacto brutal que ha tenido Apple Silicon en muy poco tiempo. En términos de cuota de mercado, ya se venden casi tantas MacBooks con chips de Apple como portátiles con procesadores AMD. Casi nada. Si la tendencia actual se mantiene, ambas curvas podrían cruzarse pronto. Y si Apple decide lanzar este mismo año un portátil realmente competitivo en precio, ese cruce podría llegar antes de lo que muchos esperan.
Aquí aparece una pregunta incómoda que flota en el aire: ¿cómo sería un MacBook “de bajo coste” equipado con un chip derivado del iPhone? Porque si Apple es capaz de llevar su eficiencia energética y su integración hardware-software a un rango de precios más agresivo, el golpe para el mercado podría ser serio. Muy serio.
Mientras tanto, el panorama para los jugadores tradicionales no es precisamente halagador.
Según los datos de Mercury Research, AMD ronda actualmente el 20% de cuota en el mercado de portátiles, moviéndose entre el 21 y el 22%. Apple, por su parte, ya está prácticamente a la par, con cifras que oscilan entre el 18 y el 19%. La diferencia es mínima, pero el contexto lo cambia todo: Apple acaba de cumplir su sexto año usando chips propios en los Mac y no muestra ningún síntoma de frenar. Al contrario, cada generación refuerza la sensación de que esta transición no solo fue acertada, sino estratégica.
Y luego está Intel. El elefante en la habitación.
Intel sigue controlando más del 60% del mercado de portátiles, sí, pero ese dominio ya no es lo que era. Año tras año, su cuota se va erosionando lentamente, cediendo terreno tanto a AMD como a Apple. No es una caída abrupta, pero es constante. Y en mercados maduros, eso es una señal de alarma clara.
El segmento de ordenadores de escritorio añade otro matiz interesante a la historia. Apple ya controla aproximadamente el 10% de este mercado, un avance notable en un terreno que durante décadas fue un coto casi cerrado para Intel y AMD. Aquí, el reparto es aún más cruel para Intel: cada punto que pierde parece acabar directamente en manos de AMD. Apple crece, AMD recoge, Intel retrocede.
Visto en conjunto, el escenario es complicado, especialmente para Intel. Nunca antes su dominio había estado tan cuestionado. La empresa que durante años marcó el ritmo de la informática personal ahora se enfrenta a dos frentes muy distintos, pero igual de peligrosos. Por un lado, la eficiencia energética y el rendimiento por vatio de Apple Silicon, que ha redefinido lo que muchos esperan de un portátil moderno. Por otro, el avance constante de AMD, que no deja de ganar terreno con una oferta cada vez más sólida.
Aquí viene la parte que muchos prefieren ignorar: esto no es una tormenta pasajera. No es un ciclo más. Es un cambio estructural. Apple ha demostrado que puede competir —y ganar— diseñando sus propios chips. AMD ha probado que puede plantar cara tanto en rendimiento como en eficiencia. Y Intel, por primera vez en décadas, ya no dicta las reglas del juego.
El terremoto ya ocurrió. Las réplicas todavía se sienten. Y lo peor, o lo más interesante, según se mire, es que aún no hemos visto el último temblor.
Fuente: macg.co
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