Esto no es una victoria contra la piratería. Es una derrota para la neutralidad de Internet y la privacidad.

Publicado el 18 de febrero de 2026, 16:12

Voy a ser claro desde el principio: lo que estamos viendo no es una gran hazaña contra la piratería. No es justicia poética. No es el “orden restaurado”. Es otra cosa. Es un precedente peligroso que erosiona principios básicos como la neutralidad de la red y el derecho a la privacidad. Y sí, debería preocuparte aunque no veas fútbol. Aunque lo detestes.

Que LaLiga y Telefónica hayan conseguido que servicios como NordVPN y ProtonVPN bloqueen IPs sin garantías sólidas no es un detalle técnico sin importancia. Es un movimiento estratégico con implicaciones profundas. Hoy son IPs vinculadas a emisiones deportivas. Mañana… ¿qué será? Cuando aceptas que una herramienta neutral puede ser intervenida bajo presión, estás abriendo una puerta que luego no se cierra tan fácilmente.

Una VPN es una herramienta. Punto. No tiene moral. No tiene intención. Es infraestructura. Igual que un navegador, igual que tu conexión a Internet. Demonizarla porque algunos la usan para piratear es intelectualmente perezoso. Es como si, incapaz de frenar al delincuente, decidieras retirar los cuchillos de los supermercados. No atacas la causa. Atacas el objeto. Y encima presumes de eficacia.

Aquí hay algo que no encaja. El problema real no es técnico. No lo ha sido nunca. La piratería no existe porque haya VPNs, ni porque exista Cloudflare, ni porque Internet permita transmitir vídeo. Existe porque el producto es caro, está fragmentado y es incómodo de consumir legalmente. Esa es la verdad incómoda que nadie quiere afrontar.

Si alguien no paga hoy, no pagará mañana solo porque le bloquees una IP. Un pirata no deja de serlo por castigo. Deja de serlo cuando el modelo cambia. Cuando el acceso es sencillo, razonable y coherente. Spotify lo entendió. Netflix lo entendió en su momento. No vencieron a la piratería con bloqueos masivos, sino ofreciendo algo mejor, más cómodo y a un precio asumible. Esa es la lección. Lo demás es ruido.

Y mientras tanto, los daños colaterales se multiplican. Personas que no consumen fútbol —ni legal ni ilegalmente— se ven afectadas por bloqueos, limitaciones y decisiones tomadas en nombre de una cruzada que no es suya. Pagamos todos por una guerra que no hemos declarado. Eso no es eficiencia. Es externalizar el coste del fracaso estratégico.

Pero hay otro actor en esta historia que merece crítica directa: cierto periodismo deportivo. Medios como Marca han actuado aquí como simples altavoces de comunicados corporativos. Sin análisis técnico. Sin contexto legal. Sin una mínima reflexión sobre las consecuencias reales de lo que están amplificando.

 

No informan. Legitiman.

Y eso es grave. Porque cuando un medio renuncia a cuestionar el poder y se limita a reproducir su relato, deja de hacer periodismo. Se convierte en extensión del departamento de comunicación de quien tenga más peso institucional o económico. Y cuando eso ocurre, el debate público se empobrece. La ciudadanía pierde. La crítica desaparece. Y las decisiones polémicas se normalizan sin fricción.

Aquí hay un punto ciego evidente: se está confundiendo eficacia con espectáculo. Bloquear IPs suena contundente. Suena a acción. Pero no resuelve el problema estructural. Solo desplaza el síntoma. Y, de paso, erosiona principios fundamentales en el camino.

La neutralidad de Internet no es un capricho ideológico. Es una garantía de que la infraestructura no discrimina según intereses particulares. La privacidad no es un privilegio sospechoso. Es una condición básica para una sociedad libre. Cuando empezamos a relativizar eso en nombre de “luchar contra la piratería”, estamos intercambiando libertades por una promesa de control que, además, ni siquiera funciona a largo plazo.

Lo más preocupante no es el bloqueo en sí. Es la normalización. Es que esto empiece a parecer razonable. Es que la conversación se reduzca a “algo había que hacer”, sin preguntarnos si lo que se hace es proporcional, eficaz o compatible con derechos básicos.

Y no, esto no va de fútbol. Va de precedentes. Va de hasta qué punto aceptamos que herramientas neutrales sean intervenidas porque algunos las usan mal. Va de si queremos un Internet abierto o uno moldeado por presiones corporativas.

Si no cuestionamos esto ahora, luego será tarde. Porque los precedentes no desaparecen. Se acumulan. Y cada uno hace que el siguiente sea más fácil de justificar.

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios