Shelly 3.1.7 estrena RLPM, un motor de paquetes en Zig para Arch.

Publicado el 17 de octubre de 2026, 8:24

Si llevas tiempo en Arch o en cualquiera de sus derivadas, sabes que casi todo lo que instala, actualiza o elimina paquetes acaba hablando con la misma biblioteca: libalpm, el corazón de pacman. Shelly, un gestor de paquetes para Arch Linux y distribuciones basadas en ella, acaba de publicar su versión 3.1.7 con una novedad que toca justo ese cimiento: un motor propio, escrito en Zig, capaz de hacer el trabajo sin pasar por libalpm.

Conviene no adelantarse, porque la letra pequeña importa. Ese motor se llama RLPM y, por ahora, no sustituye a nada por defecto. Las compilaciones estándar de Shelly incluyen los dos backends y arrancan con libalpm como opción inicial, de modo que si actualizas y no tocas nada, tu sistema seguirá funcionando como hasta ahora. Quien quiera probar el motor nuevo tiene que pedirlo expresamente con el comando shelly config set NativePackageBackend rlpm.

Reimplementar un gestor de paquetes no es retocar una interfaz. RLPM cubre el ciclo completo: lee las bases de datos de los repositorios, resuelve dependencias, descarga paquetes, verifica firmas, instala, elimina y actualiza, y además ejecuta los ganchos y los scriptlets, esos pequeños guiones que muchos paquetes lanzan antes o después de instalarse. A eso suma la detección de conflictos en el sistema de archivos, el bloqueo de transacciones para que dos operaciones no se pisen y mecanismos de recuperación si una actualización de la base de datos se interrumpe a medias. Qué gana Shelly con ello es más fácil de intuir que lo que ganas tú. Al no depender de libalpm, el proyecto puede controlar de punta a punta cómo se descargan, verifican e instalan los paquetes, y añadir comportamientos propios sin esperar a que cambie una biblioteca ajena. Para ti, como usuario, la consecuencia práctica por ahora es una opción más en la configuración: puedes quedarte con el motor clásico, que sigue siendo el que viene activado, o dedicar un equipo de pruebas o una máquina virtual a ver cómo se comporta el nuevo antes de plantearte nada más. Mi lectura, y es solo una lectura, es que esto tiene más de apuesta de arquitectura que de mejora inmediata. El anuncio no aporta cifras de rendimiento ni comparativas de fiabilidad frente a libalpm, así que lo prudente es tratarlo como una opción para curiosos y no como sustituto en tu máquina de trabajo. Un gestor de paquetes es precisamente el tipo de software al que le pides que sea aburrido y que nunca falle.

La segunda novedad es la que probablemente notarás antes si usas el AUR a diario. Shelly 3.1.7 construye los paquetes del AUR dentro de entornos nuevos y aislados, de forma que las dependencias de compilación no se acumulan en tu sistema anfitrión. Si alguna vez has tenido que limpiar después de instalar media docena de paquetes que arrastraban compiladores y bibliotecas de desarrollo que ya no necesitabas, entenderás por qué esto resulta tentador. El flujo admite además planes de dependencias anclados, que registran las versiones exactas de los paquetes, la información del repositorio y las sumas de comprobación. La idea es que el entorno donde compilas coincida con la configuración que revisaste antes, y no con lo que hubiera disponible en ese momento. Para quienes prefieren leer el PKGBUILD antes de instalar, Shelly también integra datos adicionales de Atoll, entre ellos los hallazgos de su análisis y detalles del archivo de origen. No sustituye a revisar el script por tu cuenta, pero ayuda a saber dónde mirar primero. La limpieza de la caché también se ha ampliado. La opción --aur-cache ya no se limita a los paquetes construidos anteriormente: puede borrar toda la caché de AUR de Shelly, con las fuentes descargadas, los directorios de compilación, los archivos de paquetes y los metadatos.

Los usuarios de Flatpak ganan algo que suena modesto y no lo es: claridad. En lugar de mostrar los permisos como una lista de entradas en bruto, Shelly los agrupa en categorías de acceso a la red, dispositivos, sistema de archivos y servicios de sesión. Si alguna vez has tenido que averiguar por qué una aplicación en sandbox no ve un recurso, o por qué ve más de lo que esperabas, sabes lo útil que resulta tener esa información ordenada. La actualización mejora además el tratamiento de los metadatos de permisos mal formados. Con AppImage hay correcciones en la instalación, la integración con el escritorio, los permisos de ejecución y los lanzadores, que podían dejar de funcionar cuando una AppImage se movía de sitio o se restablecía. La interfaz GTK mejora en accesibilidad, con mejor navegación por teclado, anuncios para lectores de pantalla y controles más accesibles, y se actualizan las traducciones al alemán, italiano, polaco, portugués brasileño y portugués europeo. El empaquetado también se vuelve más flexible: la interfaz de línea de comandos, el backend de Flatpak y el servicio de notificaciones pasan a ser paquetes separados, así que quien no necesite las notificaciones puede prescindir de ellas.

Lo curioso es que la novedad más llamativa de esta versión es la que menos deberías usar hoy. En el mundo Arch, la capa que gestiona los paquetes se ha dado por inamovible durante años, y que un proyecto se plantee una alternativa, aunque sea opcional y convivan los dos motores, abre una pregunta incómoda y sana: cuánto de lo que damos por fijo en Linux lo es de verdad, y cuánto es simplemente costumbre que nadie ha tenido el empeño de desafiar.

 

Fuente: Linuxiac

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