Si últimamente notas que el portátil suda más de la cuenta con varias pestañas abiertas, no eres el único que se hace esa pregunta. Brave acaba de publicar una nueva ronda de benchmarks que compara su navegador con Chrome, Microsoft Edge y Firefox, y los números que ofrece son llamativos: hasta un 44% menos de uso de CPU, un 28% menos de memoria consumida y páginas que terminan de cargar un 20% más rápido que la media de sus tres grandes rivales. En un momento en el que el navegador se ha convertido en la aplicación que más recursos exprime de cualquier equipo, este tipo de comparativas importa más de lo que parece a primera vista, sobre todo para quienes usan máquinas modestas o simplemente quieren que la batería dure un poco más.
Qué midió Brave exactamente
La compañía probó las páginas de inicio de los 50 sitios web más visitados, según sus propias estadísticas de Brave Search, repitiendo cada prueba diez veces con perfiles de navegador limpios para evitar que el historial o las extensiones instaladas distorsionaran los resultados. El hardware elegido fue un Mac Mini con chip M2 y 8 GB de memoria, corriendo macOS 26.5.1, y las versiones enfrentadas fueron Brave 1.92.139, Chrome 150, Edge 150 y Firefox 146. Conviene recordar que Brave, Chrome y Edge comparten el motor Chromium, mientras que Firefox se apoya en Gecko, el motor propio de Mozilla, así que la comparación no es exactamente entre navegadores desde cero sino también, en parte, entre distintas capas construidas sobre una base común.
Los resultados de CPU son los que marcan la diferencia más grande. Brave se movió en torno al 33% de uso medio, frente al 47% de Chrome, el 53% de Edge y un abultado 78% de Firefox. En memoria la distancia se mantiene, aunque menos dramática: Brave rondó 1,2 GB, Chrome llegó a 1,75 GB, Edge se quedó en 1,62 GB y Firefox en 1,65 GB. A esto se suma un 10% menos de consumo energético de media, un dato especialmente relevante si trabajas desde un portátil sin cargador a mano durante buena parte del día.
Por qué el bloqueo de anuncios cambia el resultado
Brave atribuye buena parte de esta ventaja a su motor de bloqueo integrado de anuncios y rastreadores, que evita desde el primer momento la carga de scripts analíticos, píxeles de seguimiento y peticiones de terceros que en otros navegadores sí llegan a ejecutarse salvo que instales una extensión adicional. Esa diferencia se nota especialmente en las cifras de red: Brave recibió unos 4,4 MB de datos por página, frente a los 4,8 MB de Chrome, los 6,3 MB de Firefox y los 6,8 MB de Edge. En tráfico de salida la brecha es todavía mayor en términos relativos, con 0,18 MB para Brave frente a 0,25, 0,30 y 0,34 MB de Firefox, Edge y Chrome respectivamente.
Aquí aparece un matiz interesante que conviene no pasar por alto. Cuando se mide el Largest Contentful Paint, es decir, el momento en el que el contenido principal de la página se hace visible en pantalla, Brave y Chrome quedan prácticamente empatados en torno a 2,4 segundos, con Edge y Firefox pisándoles los talones en 2,5 segundos. La diferencia real de Brave, por tanto, no está tanto en lo que el usuario ve al principio sino en lo que ocurre después: menos anuncios cargando en segundo plano, menos scripts de analítica ejecutándose sin que te des cuenta y menos peticiones retrasadas consumiendo ciclos de CPU mientras tú ya estás leyendo. En el tiempo total de carga completa, Brave sí saca ventaja clara, con 4,4 segundos frente a los 5,1 de Chrome, los 5,3 de Firefox y los 6 de Edge.
Qué cautelas conviene tener con estos datos
Dicho esto, hay que ser cauto con la fuente de los números. Estas pruebas las ha diseñado, ejecutado y publicado la propia Brave, no un laboratorio independiente, lo cual no las invalida pero sí obliga a leerlas con cierta perspectiva: ninguna empresa publica un benchmark que la deje mal parada. Lo que juega a favor de Brave en este caso es que ha compartido con detalle su metodología, el hardware utilizado, las versiones exactas de cada navegador y el criterio de selección de las páginas probadas, de forma que cualquiera con curiosidad pueda intentar reproducir el experimento por su cuenta y comprobar si los resultados se sostienen en otras condiciones, por ejemplo en Linux con GPU dedicada o en equipos con menos memoria disponible.
Tampoco está de más recordar que el rendimiento de un navegador depende de muchas variables que un benchmark aislado no puede capturar del todo: el número de pestañas abiertas simultáneamente, las extensiones instaladas, el sistema operativo, o simplemente el tipo de páginas que visitas a diario. Un usuario que pasa el día en aplicaciones web pesadas como editores de vídeo o entornos de desarrollo en el navegador notará estas diferencias de forma muy distinta a alguien que solo consulta el correo y lee noticias.
Al final, estas cifras dicen menos sobre qué navegador es objetivamente el mejor y más sobre hacia dónde se dirige la competencia entre ellos: ya no basta con ser rápido al mostrar una página, hay que serlo también en todo lo que ocurre por detrás una vez que el usuario cree que ya ha terminado de cargar. Si el bloqueo de rastreadores por defecto sigue siendo la palanca que marca esa diferencia, es razonable esperar que Chrome, Edge y Firefox terminen moviéndose, aunque sea a regañadientes, en esa misma dirección.
Fuente: Linuxiac
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