Durante dos décadas, la respuesta de Microsoft a un Windows lento fue siempre la misma: compra más memoria RAM. Ahora esa fórmula se ha roto. El encarecimiento de la RAM, disparado por la demanda de los centros de datos dedicados a inteligencia artificial, ha convertido en un lujo lo que antes era un gasto asumible. Y así, casi por obligación, Microsoft se ha visto forzada a hacer lo que llevaba años posponiendo: optimizar Windows para que consuma menos memoria en lugar de pedirle al usuario que compre más.
El anuncio llega de la mano de Pavan Davuluri, actual presidente de la división de Windows y dispositivos, quien ha trazado un plan de trabajo para lo que queda de 2026. Entre las prioridades figura explícitamente la optimización de memoria para equipos con 8 gigabytes de RAM y superiores, una cifra que hoy resulta modesta cuando lo recomendable para un uso cómodo ronda los 32 gigabytes. Con un simple navegador web capaz de devorar buena parte de esa memoria, trabajar con 8 GB en Windows 11 suele traducirse en lentitud, cuelgues ocasionales y una experiencia general poco satisfactoria.
La lógica detrás del Windows actual es sencilla de entender si se mira en perspectiva. Durante mucho tiempo, ampliar la memoria RAM de un equipo fue barato y accesible, así que tanto Microsoft como los desarrolladores de aplicaciones dieron por hecho que ese margen siempre estaría ahí. En lugar de invertir tiempo en optimizar el código, resultaba más rentable dejar que el sistema creciera y confiar en que el hardware absorbería el impacto. El resultado es un sistema operativo que arrastra procesos, servicios y capas de compatibilidad que consumen memoria incluso sin que el usuario abra una sola aplicación. Ese patrón no es exclusivo de Windows. Se ha repetido en el software de escritorio y también en el móvil, donde durante años la solución a un teléfono lento fue simplemente venderlo con más gigas. Pero el contexto ha cambiado: la demanda de chips de memoria para servidores de inteligencia artificial ha tensionado la cadena de suministro de DRAM hasta el punto de que renovar un ordenador doméstico se ha convertido en una decisión de presupuesto, no de capricho. Microsoft no ha vinculado públicamente su plan de optimización con esta subida de precios, pero la coincidencia temporal resulta difícil de ignorar.
Microsoft no ha detallado cuánta memoria espera liberar con estos cambios, pero sí ha señalado tres frentes concretos sobre los que viene trabajando. El primero es un asignador de memoria más eficiente, pensado para reducir la sobrecarga que generan aplicaciones y componentes del propio sistema al reservar y liberar recursos. El segundo frente pasa por WinUI 3, el marco de desarrollo sobre el que se construyen muchas aplicaciones modernas de Windows, con ajustes orientados a que el software creado con esta base consuma menos memoria por diseño, sin que los desarrolladores tengan que intervenir manualmente. El tercero afecta a los componentes basados en Chromium y WebView2, presentes en numerosas partes del sistema operativo, cuyo consumo Microsoft busca recortar allí donde se integran con Windows. Estas tres líneas de trabajo apuntan a una mejora transversal más que a un parche puntual. Si funcionan según lo previsto, deberían beneficiar tanto a equipos domésticos ajustados de recursos como a los ordenadores utilizados en el ámbito educativo, donde los 8 GB de RAM siguen siendo habituales por motivos de coste. Según ha explicado Davuluri, las mejoras llevan meses llegando de forma progresiva a los usuarios del programa Windows Insiders, y el despliegue más amplio hacia los equipos con Windows 11 está previsto para el otoño de 2026.
Lo llamativo del anuncio no es tanto la promesa de optimización en sí, sino lo que revela sobre las prioridades históricas de Microsoft. Durante años, la compañía tuvo margen técnico para hacer un sistema más ligero y, sin embargo, la vía elegida fue otra: dejar que el hardware compensara las carencias del software. Ahora que ese hardware se ha encarecido, la optimización deja de ser una mejora opcional y pasa a ser una necesidad estratégica para mantener a Windows competitivo en equipos de gama baja y media. Falta por ver el alcance real de estos cambios. Microsoft no ha ofrecido cifras concretas de ahorro de memoria ni comparativas de rendimiento antes y después, así que la promesa sigue siendo, por ahora, una declaración de intenciones respaldada por un calendario. Quienes hoy usan un equipo con 8 GB de RAM seguirán notando cómo el sistema consume una parte considerable de esa memoria antes incluso de abrir una aplicación, a la espera de que las mejoras lleguen de forma generalizada.
Hay algo revelador en todo este episodio. Durante veinte años, la industria tecnológica normalizó la idea de que el software podía crecer sin límite porque el hardware siempre encontraría la forma de sostenerlo. Bastaba con añadir memoria para disimular años de decisiones de diseño poco cuidadosas. Ahora que esa memoria se ha convertido en un bien escaso, resulta que sí existía margen para hacer las cosas de otra manera. Queda por ver si esta optimización marca un cambio duradero en cómo se construye el software, o si simplemente es una respuesta puntual a una crisis de suministro que, tarde o temprano, se resolverá.
Fuente: Xataka
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