Si usas Arch Linux o alguna de sus derivadas como CachyOS, seguramente conoces esa sensación de querer una alternativa más amable a pacman sin renunciar al control. Shelly lleva tiempo ocupando ese espacio, y ahora acaba de dar un salto considerable. Shelly 3.0 se ha lanzado como una actualización mayor que no se limita a añadir funciones sueltas, sino que reescribe la aplicación entera desde sus cimientos. El gestor de paquetes gráfico y de línea de comandos estrena una base de código completamente nueva, y el cambio más llamativo está en el lenguaje que lo sustenta: Shelly abandona C# y .NET para pasarse a Zig.
Qué cambia con la reescritura en Zig
El corazón de esta versión es esa migración a Zig, y no es un capricho estético. Al dejar atrás el entorno de ejecución de .NET, Shelly se convierte en un conjunto de ejecutables nativos compilados de forma anticipada, lo que se traduce en un arranque más rápido y en un consumo de memoria y de recursos mucho más predecible a lo largo del tiempo. La propia desarrolladora, Zoey Erin Bauer, explica que la reescritura le da a Shelly una base mucho más limpia sobre la que construir, elimina el tiempo de ejecución gestionado de la aplicación principal y simplifica enormemente la conexión entre Shelly y las bibliotecas nativas de Arch Linux.
Hay un detalle interesante para quien programa: Zig mejora la comprobación en tiempo de compilación justo en la frontera con la biblioteca C, esa zona delicada donde tantos errores suelen colarse. Además, toda la maquinaria interna se unifica. Antes había que hacer malabares entre la interfaz gráfica, la línea de comandos y el código de gestión de paquetes; ahora existe un único flujo de trabajo de compilación y prueba nativa que cubre la CLI, la GUI, el ayudante de llaveros, el administrador de paquetes y el backend opcional de Flatpak. Y no todo se compila igual: la interfaz gráfica prioriza compilaciones seguras, mientras que las herramientas de línea de comandos se optimizan para ocupar el menor tamaño posible. Como resume la desarrolladora, los comandos de siempre siguen ahí, pero casi todo lo que los mueve por dentro es nuevo.
La nueva interfaz gráfica reconstruida en GTK4
Si eres de los que prefieren no tocar la terminal, esta es probablemente la parte que más te interesa. La interfaz gráfica se ha reconstruido por completo sobre GTK4, y llega cargada de mejoras pensadas para el uso diario. La gestión del AUR muestra ahora detalles más completos, y el manejo de Flatpak se ha refinado para que resulte más coherente. Encontrarás una configuración de guardado automático, algo que agradecerás cuando no quieras estar pendiente de confirmar cada ajuste.
La navegación por los paquetes también estrena diseño, con la posibilidad de alternar entre una vista de lista y una de cuadrícula según prefieras leer la información de forma más compacta o más visual. La primera toma de contacto mejora con una pantalla de bienvenida renovada en el primer arranque, pensada para orientarte desde el principio. Y hay un apartado que merece mención aparte por lo que implica en seguridad: la instalación de AppImage se ha vuelto más segura, un gesto importante en un formato que históricamente ha dado bastante libertad al usuario a cambio de menos garantías.
Todo lo nuevo en la línea de comandos
La CLI no se queda como mera acompañante de la interfaz gráfica. También se ha reconstruido desde cero y suma funciones que la hacen bastante más completa. Ahora puedes exportar e importar copias de seguridad de tus paquetes, algo tremendamente útil cuando reinstalas el sistema o quieres replicar tu configuración en otra máquina. Se añade la generación de autocompletado para Bash, las confirmaciones y las vistas previas de transacciones se han mejorado para que sepas exactamente qué va a ocurrir antes de aceptar, y llegan comandos nuevos y ampliados para marcar paquetes, seleccionar degradaciones de versión y administrar llaves.
Por debajo, la gestión de paquetes gana músculo con la sincronización paralela de las bases de datos de los repositorios, un mejor tratamiento de los paquetes y grupos ignorados, varias mejoras relacionadas con el AUR y un comportamiento de red al estilo Happy Eyeballs, esa técnica que intenta conexiones por varias vías a la vez para quedarse con la más rápida. Otro cambio de fondo con consecuencias prácticas es que el soporte de Flatpak pasa a ser verdaderamente opcional, de modo que quien no lo use no carga con él.
Cómo instalarlo y qué es Shelly en realidad
Si quieres probarlo, tienes varias vías. Shelly 3.0 está disponible como binario independiente o como tarball de código fuente desde su página de GitHub, donde además encontrarás las notas de lanzamiento con el detalle completo de los cambios. Y si usas CachyOS, la instalación es directa con un sencillo sudo pacman -S shelly, ya que esta distribución lo adoptó en su momento como gestor gráfico de paquetes por defecto.
Conviene recordar qué es Shelly para quien llegue nuevo. Se trata de una reimaginación moderna y gratuita del gestor de paquetes por defecto de Arch Linux, una alternativa a pacman que no pretende sustituir la filosofía de la distribución, sino hacerla más accesible. Admite paquetes nativos de Arch, el AUR, Flathub y Flatpak, así como AppImage, y ofrece tanto interfaz gráfica como de línea de comandos para que cada cual trabaje como se sienta más cómodo.
Lo interesante de una reescritura tan profunda no es solo lo que se ve hoy, sino lo que habilita para mañana. Cambiar de lenguaje y limpiar los cimientos rara vez da frutos inmediatos y espectaculares; lo que hace es allanar el camino para todo lo que venga después. Shelly 3.0 se parece más a un punto de partida que a una meta, y quizá esa sea la forma más honesta de entender una versión que ha preferido reconstruir antes que maquillar.
Fuente: 9to5linux
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