Nova, el nuevo controlador de NVIDIA para Linux, ya casi habla con las GPU más potentes.

Publicado el 4 de junio de 2026, 14:23

Si tienes una tarjeta gráfica de NVIDIA y usas Linux, sabrás que la relación entre ambos mundos ha sido históricamente complicada. Pues bien, hay movimiento que merece la pena que conozcas: el controlador Nova, una apuesta de futuro escrita desde cero, está cada vez más cerca de entenderse con las GPU más modernas de la compañía. Y lo curioso es que NVIDIA está poniendo dinero e ingenieros propios sobre la mesa para que ocurra.

Antes de meternos en harina, vale la pena que tengamos claro de qué hablamos. Un controlador, o driver, es el software que actúa de intermediario entre tu sistema operativo y una pieza de hardware, en este caso tu tarjeta gráfica. Sin él, tu Linux no sabría cómo aprovechar la potencia de tu GPU para mostrar imágenes, jugar o acelerar tareas pesadas. Es, por así decirlo, el traductor que permite que dos partes que hablan idiomas distintos se entiendan. Durante años, NVIDIA ha ofrecido en Linux un controlador propietario, es decir, de código cerrado, cuyo funcionamiento interno solo conoce la propia empresa. Eso ha generado fricciones con la comunidad Linux, que defiende el código abierto, donde cualquiera puede ver, revisar y mejorar lo que hay bajo el capó. Aquí es donde entra en juego toda esta historia.

Para entender Nova hay que mirar primero a su antecesor. Nouveau es el controlador de código abierto que la comunidad lleva años desarrollando para las tarjetas NVIDIA sin la ayuda directa de la empresa. Ha cumplido su función, y de hecho ya es compatible con las GPU más recientes de la marca, las de las arquitecturas Hopper y Blackwell, gracias a una vía técnica que se apoya en un pequeño procesador dentro de la propia tarjeta, llamado GSP, que se encarga de gestionar buena parte del trabajo. Pero Nouveau arrastra limitaciones de diseño y de antigüedad. Por eso se ha empezado a construir algo nuevo desde los cimientos: Nova. Y aquí viene un detalle que entusiasma a los más técnicos. Nova no está escrito en C, el lenguaje tradicional del núcleo de Linux, sino en Rust, un lenguaje moderno que destaca por evitar muchos de los errores de memoria que históricamente han causado cuelgues y fallos de seguridad. Dicho de forma sencilla: Rust ayuda a que el programa sea más robusto y menos propenso a romperse, porque te avisa de muchos problemas antes incluso de que el código llegue a ejecutarse.

Las arquitecturas Hopper y Blackwell son las dos generaciones más punteras de NVIDIA. Si todo esto te suena a chino, quédate con la idea de que son la tecnología que mueve desde tarjetas gráficas de gama alta hasta gran parte de la inteligencia artificial que tanto se menciona últimamente. Que un controlador de código abierto sepa hablar con ellas no es un detalle menor: es la diferencia entre que el futuro de NVIDIA en Linux esté en manos cerradas o abiertas. Y precisamente en eso se está trabajando ahora mismo. Esta semana ha aparecido la duodécima entrega de los parches que añaden soporte para Hopper y Blackwell a Nova. La palabra clave aquí es parche, que en el mundo del software no es más que un conjunto de cambios que se proponen para añadir o corregir funciones. Que ya vayamos por la versión número doce te da una pista de lo cuidadoso y meticuloso que es este proceso: cada entrega se revisa, se discute y se pule antes de aceptarse. El ingeniero de NVIDIA John Hubbard fue quien envió esta nueva tanda de parches, construida sobre la base de desarrollo en Rust del núcleo. Entre las mejoras hay refinamientos en el propio código y ajustes en torno a un componente llamado FSP, el Procesador de Seguridad de la Fundación, una pieza dedicada a las funciones de seguridad dentro de la GPU. No son cambios espectaculares de cara a la galería, pero son justamente los ladrillos que van levantando, poco a poco, un controlador sólido y confiable. Lo más llamativo de todo es la sensación que transmite el avance: parece que el trabajo de habilitación para estas dos arquitecturas podría estar acercándose a su recta final. Y eso son palabras mayores, porque significa que uno de los grandes obstáculos para tener una solución abierta y completa estaría a punto de superarse.

Aquí está el verdadero giro de la historia. Durante mucho tiempo, el código abierto para NVIDIA en Linux dependía sobre todo del esfuerzo voluntario de la comunidad, muchas veces trabajando por ingeniería inversa, es decir, deduciendo cómo funciona el hardware sin que la empresa diera explicaciones. Que ahora sea la propia NVIDIA quien invierta ingenieros y recursos significativos en un controlador abierto es un cambio de actitud notable. De hecho, en una reciente presentación de la compañía, varios responsables fueron preguntados directamente por Nova y por esta apuesta sostenida de ingeniería. Las respuestas dejaron entrever que hay interés real y conversaciones interesantes en marcha, aunque por ahora la empresa no ha emitido una declaración oficial al respecto. Habrá que esperar para conocer su postura definitiva, pero las señales apuntan en una dirección esperanzadora.

Es fácil pasar por alto noticias como esta porque no vienen con un producto brillante que puedas comprar mañana. No hay una tarjeta nueva ni una función deslumbrante que enseñar. Lo que hay es algo más silencioso pero igual de importante: la construcción paciente de unos cimientos que, dentro de un tiempo, podrían cambiar para mejor la experiencia de millones de usuarios de Linux con hardware de NVIDIA. Si usas Linux a diario, quizá no notes nada de esto hoy ni mañana. Pero proyectos como Nova son la prueba de que las cosas importantes en tecnología rara vez ocurren de golpe. Se cuecen a fuego lento, parche a parche, hasta que un día te das cuenta de que aquello que parecía un sueño lejano forma parte de tu rutina sin que casi te dieras cuenta. Y esta vez, con la propia NVIDIA arrimando el hombro, la espera tiene mejor pinta que nunca.

 

Fiente: Phoronix

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