Francia le da la espalda a Windows: Linux entra en los despachos del Gobierno.

Publicado el 13 de abril de 2026, 14:26

Europa lleva meses hablando de independencia tecnológica, pero Francia acaba de pasar de las palabras a los hechos. El Gobierno francés ha anunciado que migrará parte de sus sistemas a Linux, el sistema operativo de código abierto, en lo que supone uno de los movimientos más concretos que ha dado un gran país europeo para reducir su dependencia de la tecnología estadounidense. La decisión no llega de la nada. Desde que las tensiones entre la administración Trump y la Unión Europea se han ido acumulando, son cada vez más las voces políticas europeas que cuestionan si tiene sentido seguir confiando la infraestructura pública a empresas como Microsoft o Google, cuyos servidores, normas y precios escapan por completo al control de los gobiernos que las usan.

David Amiel, ministro francés de Acción Pública y Cuentas, ha sido especialmente directo. Su argumento es claro: Francia no puede seguir aceptando que sus datos, su infraestructura digital y sus decisiones estratégicas dependan de plataformas cuyas reglas las dicta otra persona. La palabra que usa es "liberarse", y eso dice mucho sobre el tono del debate. No es solo retórica política. Detrás hay una preocupación real sobre soberanía, que en el contexto tecnológico significa tener control sobre qué software usas, quién puede acceder a tus datos y qué ocurre si ese proveedor cambia sus condiciones, sube los precios o simplemente decide que ya no quiere darte servicio.

Si no estás muy metido en el mundo de la tecnología, quizás Linux te suena a algo para informáticos. En realidad es un sistema operativo, como Windows o el de tu iPhone, con la diferencia de que es de código abierto. Eso significa que cualquiera puede ver cómo está hecho, modificarlo y usarlo sin pagar licencias a ninguna empresa privada. Ese es exactamente el punto que interesa a los gobiernos europeos. Con Linux, Francia no depende de Microsoft para actualizar su software, no está sujeta a los precios que esa empresa decida cobrar y no tiene que aceptar condiciones de uso que no controla. El código lo puede auditar quien quiera, algo fundamental cuando hablamos de sistemas que gestionan datos públicos o infraestructuras críticas. La agencia digital del Gobierno francés, DINUM, será la primera en hacer el cambio, y se espera que otras entidades gubernamentales vayan siguiendo su ejemplo de forma progresiva.

Lo interesante es que la migración a Linux es solo una pieza de un plan más amplio. Francia también ha anunciado que moverá su base de datos nacional de salud, actualmente en manos de proveedores estadounidenses, a una plataforma propia todavía sin nombre. Y tiene previsto dejar de usar Microsoft Teams para las videollamadas entre departamentos gubernamentales, sustituyéndolo por Visio, una herramienta de videoconferencia desarrollada en Francia. Ese último punto es especialmente significativo. Teams es una de las herramientas más extendidas en administraciones y empresas de toda Europa, y reemplazarla implica un cambio de hábitos considerable. Que Francia esté dispuesta a asumir ese esfuerzo dice mucho sobre la seriedad de su apuesta. Francia no está sola en esto. Dinamarca y varias regiones de Alemania han anunciado antes medidas similares para alejarse de los productos de Microsoft. Y a nivel europeo, el Parlamento votó a principios de año a favor de un informe que insta a la Comisión Europea a reducir la dependencia de tecnología extranjera en áreas como la nube, los semiconductores, el software y la inteligencia artificial.

Los ciudadanos europeos también se están posicionando. Según un estudio reciente de YouGov, alrededor de dos de cada tres europeos apoyan una mayor independencia tecnológica respecto a Estados Unidos, especialmente en lo que tiene que ver con el almacenamiento de datos y las comunicaciones. Pero hay un dato que conviene no ignorar: aproximadamente cuatro de cada diez de esos mismos encuestados consideran que esa independencia es poco realista. Y tienen algo de razón. Décadas de dependencia de herramientas como Windows, Teams o los servicios en la nube de Amazon y Google no se deshacen de un plumazo. La transición es lenta, costosa y requiere formación, adaptación y, sobre todo, voluntad política sostenida.

Que Francia dé este paso es una señal importante, pero el camino que tiene por delante no es sencillo. Migrar sistemas gubernamentales implica mover datos, reentrenar a miles de funcionarios, garantizar que nada deja de funcionar durante la transición y mantener la seguridad en todo momento. La pregunta que queda en el aire no es si Linux es capaz de hacer el trabajo, que lo es, sino si los gobiernos europeos tendrán la constancia necesaria para llegar hasta el final. Porque empezar una migración es relativamente fácil. Terminarla, con toda la burocracia y los intereses que hay de por medio, es otra historia. Lo que está claro es que algo está cambiando en Europa. Y que la tecnología, que durante décadas fue un asunto de ingenieros, se ha convertido en una cuestión de Estado.

 

Fuente: PCmag

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