Apple estaría preparando un MacBook más económico. Hasta aquí, la frase suena bien. Ilusiona incluso. Un portátil con macOS más accesible, más fácil de recomendar a quien quiere entrar en el ecosistema sin pagar lo que cuesta un Air. Pero cuando rascas un poco, la historia cambia. Porque este modelo no sería simplemente “un Air más barato”. Sería otra cosa. Y bastante recortada.
La información que ha salido a la luz dibuja un equipo con limitaciones muy concretas, pensadas milimétricamente para no pisar al MacBook Air. El corazón del asunto está en el procesador: en lugar de montar un chip de la serie M, Apple optaría por el A18 Pro. Sí, el mismo enfoque que utiliza en el iPhone. Eso marca una frontera clara. No hablamos de un Mac reducido en precio manteniendo la arquitectura habitual, sino de un producto reposicionado desde la base. Sería, en esencia, la puerta de entrada a macOS. Pero con condiciones.
La pantalla es uno de los primeros lugares donde se notarían los ajustes. El brillo máximo sería inferior al del MacBook Air actual, que alcanza los 500 nits. Puede parecer un dato menor sobre el papel, pero en uso real —especialmente en entornos luminosos— se nota. Y no solo eso: desaparecería True Tone. Es decir, nada de ajuste automático del color según la luz ambiente. El resultado sería un panel correcto, sí, pero claramente por debajo del Air. No cambian el formato del portátil. Cambian la experiencia.
El almacenamiento también tendría límites muy definidos. Nada de configuraciones de 1 TB o 2 TB. Este modelo se quedaría en 256 GB y 512 GB como opciones principales, con la posibilidad de una variante de 128 GB orientada al sector educativo. Y aquí viene otro punto importante: las velocidades del SSD serían más lentas que en los MacBook Air y Pro actuales. No es solo cuestión de cuánto puedes guardar, sino de qué tan rápido accedes a ello. Para tareas básicas probablemente no sea dramático, pero en flujos más exigentes la diferencia puede sentirse.
En conectividad y hardware adicional los recortes continúan. No habría carga rápida. El teclado no tendría retroiluminación, algo que muchos dan por hecho en esta gama. Tampoco sería compatible con auriculares de alta impedancia, lo que lo aleja de ciertos perfiles más profesionales o audiófilos. En el apartado inalámbrico no integraría el chip N1 de Apple para Wi-Fi 7, Bluetooth 6 y Thread, sino una solución distinta. Y en cuanto a puertos, hablamos de USB-C estándar, no Thunderbolt. Es decir, menos ancho de banda, menos versatilidad, menos margen para configuraciones avanzadas con monitores o almacenamiento externo de alto rendimiento.
El uso del A18 Pro marcaría una diferencia notable frente a los Mac con chip M. No es simplemente una cuestión de potencia bruta; es una cuestión de posicionamiento. Este equipo, previsiblemente con 8 GB de RAM, estaría pensado para tareas cotidianas: navegación, ofimática, consumo de contenido, trabajo ligero. Todo lo que se salga de ahí empezaría a acercarse al límite más rápido que en un Air.
Si juntamos todas las piezas —pantalla menos luminosa y sin True Tone, almacenamiento más limitado y más lento, ausencia de carga rápida, teclado sin retroiluminación, conectividad más básica y un chip diferente— el resultado es claro: Apple estaría construyendo un MacBook deliberadamente escalonado por debajo del Air. No es un Air barato. Es un Mac distinto, diseñado para ser el escalón más bajo dentro de la gama.
La estrategia es transparente. Ofrecer un portátil más asequible que mantenga macOS como reclamo principal, pero dejando muy claro dónde están las diferencias. Para algunos usuarios será suficiente. Para otros, será un recordatorio constante de que han elegido la versión de entrada. Y ahí está la clave: no es solo cuánto cuesta, sino qué estás dispuesto a sacrificar para pagar menos.
Fuente: Actualidad iphone
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