Hay algo raro en el ambiente. Se nota. Windows 11 no está viviendo su mejor etapa. Y no es una exageración dramática: entre errores que aparecen donde menos lo esperas, actualizaciones que rompen más de lo que arreglan, un rendimiento que a veces parece tener vida propia y una integración de Copilot que divide a los usuarios, el sistema operativo de Microsoft está recibiendo golpes por todos lados. Lo curioso es que no empezó así… o bueno, sí empezó raro, pero ahora la sensación es distinta. Más desgaste. Más frustración acumulada.
Cuando Windows 11 llegó en 2021, lo hizo sobre la misma base que Windows 10. No era una revolución técnica profunda, pero sí un cambio visual fuerte, y ahí empezaron los problemas: nuevo diseño que no convencía a todos, configuración menos intuitiva, un menú Inicio que muchos calificaron directamente de inútil y, por encima de todo, unos requisitos de hardware que dejaron fuera a una cantidad enorme de usuarios sin demasiadas explicaciones convincentes. Ahora, cinco años después, con Windows 10 acercándose al final de soporte para millones de equipos, Windows 11 debería estar en su mejor momento, fuerte, estable, indiscutible.
Pero no. Entre un rendimiento inconsistente, actualizaciones que fallan de forma alarmante, una obsesión creciente con la inteligencia artificial y cierta publicidad integrada que incomoda, el sistema parece más frágil que nunca, mientras alternativas como macOS y Linux ganan terreno, no solo entre profesionales, también entre usuarios comunes y gamers, e incluso SteamOS ha demostrado que hay otra forma de hacer las cosas. No soy de los que lo odian todo, instalé Windows 11 el primer día en 2021, juego casi a diario y sí, he tenido problemas puntuales, pero nada catastrófico en mi caso; aun así, cuando usas macOS a diario y pruebas SteamOS en una Steam Deck, empiezas a notar las costuras de Windows, y hay unas cuantas. Con ánimo constructivo y todavía algo de esperanza, aquí va una lista clara de lo que me gustaría ver en 2026.
Control de calidad serio en las actualizaciones
Las actualizaciones de Windows 11 se han convertido en un pequeño acto de fe, nunca sabes qué va a pasar: el verano pasado una actualización provocó fallos graves en algunos SSD, en diciembre una relacionada con el modo oscuro generó un error de pantalla bastante molesto y en enero el Patch Tuesday dejó a algunos usuarios sin poder encender el PC, sí, literalmente. Lo desconcertante es que Microsoft tiene el programa Windows Insider, donde miles de usuarios prueban versiones preliminares durante semanas o meses y aun así los errores llegan a la versión pública; cuando los titulares hablan más de actualizaciones rotas que de mejoras reales, algo no está funcionando. Además, Microsoft ha reconocido que alrededor del 30 % de su código ya se genera con IA, y es inevitable preguntarse si eso está afectando al control de calidad. A esto se suma el despliegue desigual: no todos recibimos las mismas funciones al mismo tiempo, algunas llegan semanas o meses después según el equipo que tengas, creando una experiencia de dos niveles. Las PC con chips Snapdragon X o X2, especialmente las Copilot+, reciben ciertas novedades antes que equipos con procesadores AMD o Intel, e incluso la actualización 26H1 prevista para finales de invierno está reservada inicialmente para equipos con Snapdragon X2; resultado: fragmentación dentro del propio Windows, y eso no debería sentirse así.
Rendimiento real y consistente en juegos
Windows sigue siendo la plataforma dominante para jugar en PC, pero eso no significa que no haya margen de mejora. Hemos visto regresiones de rendimiento con procesadores como los Ryzen X3D de AMD, a veces lo soluciona Microsoft, a veces Nvidia, pero el usuario queda en medio. Mientras tanto, jugar en Linux ya no es una broma, gracias a Proton y Wine muchos títulos funcionan sorprendentemente bien y en algunos casos mejor que en Windows, aunque dependan de capas de traducción de API. Microsoft ha prometido mejoras de rendimiento para 2026 apoyándose en su nueva experiencia de pantalla completa impulsada por la alianza ROG Xbox, es un paso, pero hace falta algo más profundo: optimización real del sistema, menos procesos innecesarios y menos carga invisible en segundo plano, porque si Windows quiere seguir siendo el rey del gaming no puede vivir de la inercia.
Actualizar todas las apps desde Microsoft Store
La Microsoft Store debería ser el centro neurálgico de las aplicaciones y en teoría lo es, pero en la práctica solo actualiza las apps instaladas desde ahí. Si instalaste programas manualmente mediante ejecutables, te toca actualizarlos uno por uno, a menos que uses Winget, que permite actualizar todas las aplicaciones desde línea de comandos y también cuenta con interfaz gráfica mediante WingetUI; funciona muy bien, es potente y lleva tiempo demostrando que se puede hacer mejor. Entonces la pregunta es obvia: si Microsoft ya tiene la herramienta, ¿qué estamos esperando para integrarla completamente en la experiencia estándar?
Volver a apostar por aplicaciones nativas
Algo no encaja cuando muchas aplicaciones que antes eran nativas ahora funcionan como contenedores web: Outlook, Teams, Clipchamp e incluso Copilot utilizan WebView2 basado en Edge y Chromium, y lo mismo ocurre con aplicaciones de terceros como Netflix, WhatsApp, 1Password, Discord o Slack. El problema no es filosófico sino práctico, porque las apps web consumen más memoria y recursos mientras que una aplicación nativa bien hecha es más eficiente y se integra mejor con el sistema; sí, las apps web son más fáciles de mantener y actualizar, pero el atractivo de Windows como plataforma potente se reduce si todo termina siendo un navegador disfrazado. Microsoft debería impulsar con más fuerza WinUI 3 para lograr rendimiento e integración real en Windows 11, no solo por estética sino por eficiencia.
Compatibilidad con HDR mejorada
El soporte HDR en Windows 11 sigue teniendo margen de mejora: la calibración está por detrás de las consolas que permiten ajustes más precisos a nivel de sistema mediante HGiG, y aunque un monitor OLED o Mini-LED pueda admitir espacios como DCI-P3 o Rec.2020, Windows no incentiva realmente a los desarrolladores a aprovecharlos en juegos. Además, dejar activado el HDR para contenido SDR suele producir imágenes apagadas porque el escritorio fuerza compresión al espacio sRGB, lo que obliga a activar y desactivar el HDR manualmente según el contenido; es incómodo y perfectamente mejorable, sobre todo ahora que cada vez más monitores incorporan HDR.
Menos marketing, más ingeniería
A finales de enero de 2026, Microsoft anunció que redirigirá a muchos de sus ingenieros hacia la corrección de errores, estabilidad y rendimiento, y eso suena bien, pero la clave no es anunciarlo sino demostrarlo. Durante años el foco ha estado en nuevas funciones, en IA, en Copilot y en titulares llamativos; ahora toca reforzar cimientos. Windows 11 no necesita más capas ni más promesas, necesita simplificarse, afinarse y volverse predecible. Windows 11 no había vivido una crisis tan marcada desde su lanzamiento y quizá eso sea justo lo que necesitaba, un golpe de realidad; si Microsoft prioriza estabilidad sobre espectáculo y rendimiento sobre marketing, el sistema puede recuperar terreno, porque el potencial sigue ahí, solo hace falta decidir que es hora de dejar de añadir y empezar a pulir.
Fuente: Frandroid
Añadir comentario
Comentarios