KDE Linux sigue avanzando, y no lo hace despacio precisamente. Los propios desarrolladores del proyecto confirman que el sistema ya ha alcanzado aproximadamente un 62% de preparación de cara a su esperada versión beta pública. No es una cifra lanzada al aire: detrás hay cambios concretos, decisiones técnicas claras y un ritmo de desarrollo que, comparado con los primeros pasos, ha ganado músculo y confianza.
Para situarnos: KDE Linux es una nueva iniciativa dentro del ecosistema de KDE que busca ofrecer su propia distribución Linux inmutable, construida alrededor de Plasma como entorno de escritorio y pensada como sistema operativo completo. Tras una etapa alfa inicial, cuyo objetivo está marcado para septiembre de 2025, el proyecto ha ido sumando colaboradores y, con ellos, velocidad y ambición. Hoy ya no es solo una idea prometedora; es algo que empieza a tomar forma real.
Uno de los cambios más importantes, y de esos que se notan en el día a día, es la activación por defecto de las actualizaciones delta. En lugar de descargar imágenes completas del sistema cada vez que hay una actualización, KDE Linux calcula únicamente las diferencias entre versiones. Traducido a la vida real: si eres de los que actualiza a menudo, pasas de bajar unos 7 GB a mover solo entre 1 y 2 GB. Menos tiempo esperando, menos consumo de datos y una experiencia mucho más razonable.
La configuración inicial del sistema también ha recibido un lavado de cara. Ahora KDE Linux utiliza plasma-setup para gestionar el primer arranque y la creación del usuario, especialmente en equipos que ya vienen con Plasma preinstalado. Además, se ha dado un paso firme al cambiar SDDM por Plasma Login Manager, un gestor de inicio de sesión más moderno y pensado desde el principio para integrarse mejor con Plasma en sistemas basados en systemd. Es uno de esos cambios que quizá no llamen la atención a primera vista, pero que suman coherencia al conjunto.
En el apartado de hardware, el salto es considerable. Las versiones recientes amplían el soporte para escáneres, tabletas gráficas, uso compartido de archivos por Bluetooth, dispositivos Android, periféricos de juego y ratones con múltiples botones. También se ha trabajado en configuraciones LVM, sistemas de archivos como exFAT y XFS, reproducción de CD de audio, soporte para tokens de seguridad y tarjetas inteligentes, cámaras virtuales, adaptadores Wi-Fi USB con almacenamiento integrado y compatibilidad con Vulkan en determinadas GPU. No es marketing: es una lista larga de pequeños “ahora sí funciona” que marcan la diferencia.
El rendimiento tampoco se ha dejado al azar. Se han ajustado parámetros del kernel y componentes de middleware como PulseAudio y PipeWire para mejorar la respuesta general del sistema y la eficiencia, con especial atención al audio de baja latencia. A esto se suma la adopción del kernel Zen, una elección que deja claro el enfoque en la experiencia de escritorio fluida y reactiva.
Incluso el arranque ha sido afinado. El menú de inicio ahora permanece oculto por defecto para evitar ruido visual y acelerar la sensación de arranque limpio. Eso sí, no desaparece del todo: vuelve a mostrarse automáticamente tras reinicios fallidos o demasiado rápidos, facilitando la reversión del sistema cuando algo no va bien. En paralelo, el rendimiento inalámbrico mejora gracias a la configuración automática del dominio regulador según la zona horaria, permitiendo que el hardware funcione a la potencia legal adecuada sin que el usuario tenga que tocar nada.
En cuanto al software incluido, hay ajustes prácticos. KCalc llega preinstalado como calculadora predeterminada, acompañado del lector de códigos QR Qrca. También está previsto integrar Kup, la herramienta de copias de seguridad de KDE, para facilitar backups fuera del dispositivo sin complicaciones. En la terminal, el sistema incorpora una configuración de Zsh mejorada y un controlador básico de “comando no encontrado”, pensado para orientar al usuario cuando intenta ejecutar algo que no está instalado. Detalles pequeños, sí, pero muy agradecidos. Ark, por su parte, amplía su compatibilidad y ahora puede manejar archivos RAR.
No todo es añadir. El proyecto también ha tomado decisiones de recorte. Se elimina el soporte para Snap, principalmente por su dependencia del Arch User Repository y por el objetivo explícito de evitar AUR en la beta. Homebrew deja de recomendarse tras detectarse problemas de estabilidad provocados por la sobrescritura de bibliotecas a nivel de usuario. Además, aplicaciones como Kate, Elisa o Icon Explorer salen de la imagen base para reducir redundancias o porque están fácilmente disponibles vía Flatpak. El demonio inalámbrico iwd también se descarta, tanto por su uso limitado como por la incertidumbre sobre su mantenimiento futuro.
En conjunto, ese 62% no es solo una cifra optimista. Es un reflejo de un proyecto que ya ha pasado la fase de prueba de concepto y empieza a consolidar decisiones técnicas, pulir la experiencia y preparar el terreno para una beta que, si mantiene este ritmo, puede dar bastante que hablar. KDE Linux sigue en construcción, sí, pero cada actualización deja más claro hacia dónde va… y por qué merece la pena seguirle la pista.
Fuente: Linuxiac
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