A febrero de 2026, NVIDIA ha tomado una decisión que, siendo claros, nadie esperaba hace un par de años: cancelar o retrasar indefinidamente todos sus lanzamientos de tarjetas gráficas de consumo previstos para este año. Sí, incluidos los modelos que muchos daban por hechos, como la serie RTX 50 SUPER. No es un simple ajuste de calendario. Es un giro serio en su estrategia y marca un antes y un después en cómo la compañía gestiona su negocio de hardware doméstico.
El cambio no llega de la nada. NVIDIA se apoya en tres factores clave, todos bastante incómodos para el usuario final, pero perfectamente racionales desde el punto de vista empresarial. Y ahí está la parte que más duele.
El primer golpe es la cancelación directa de la serie RTX 50 SUPER. Las versiones “SUPER” de la generación Blackwell —con modelos como la RTX 5070 Super o la 5080 Super— estaban pensadas para presentarse a lo grande en el CES 2026. Era lo lógico, lo previsible. Pero no va a ocurrir. NVIDIA ha decidido no lanzar ningún nuevo hardware de consumo en todo 2026. El motivo principal es tan prosaico como devastador: la escasez global de memoria GDDR7 de alta densidad, concretamente los módulos de 3 GB que estas tarjetas necesitan para cuadrar especificaciones y rendimiento. Sin memoria, no hay producto. Y sin producto, no hay lanzamiento.
El segundo factor es aún más revelador y deja claro dónde está hoy el verdadero corazón de NVIDIA: la inteligencia artificial. La compañía está desviando producción, suministros y, sobre todo, memoria hacia sus aceleradores de IA para centros de datos. ¿Por qué? Porque ahí están los márgenes obscenos. Donde una gráfica doméstica deja dinero, un acelerador de IA imprime billetes. Medios como The Verge apuntan a que la nueva arquitectura de IA “Rubin” ya está en producción masiva para cubrir una cartera de pedidos que ronda los 500.000 millones de dólares. Con cifras así, cualquier discurso sobre “los jugadores primero” se vuelve papel mojado.
El tercer punto termina de cerrar el círculo: el parón de 2026 no solo afecta al presente, también hipoteca el futuro. La próxima generación, la hipotética serie RTX 60, también se ve arrastrada por esta decisión. Informes internos citados por Tom’s Hardware indican que su lanzamiento, inicialmente previsto para finales de 2027, podría deslizarse hasta 2028. No es un pequeño retraso. Es un año entero más de espera en un mercado que vive del ritmo constante de renovación.
¿Y qué significa todo esto en la práctica? El impacto ya se está notando. NVIDIA planea recortar la producción de las actuales RTX 50 entre un 30% y un 40% durante la primera mitad de 2026. Menos unidades en circulación, mismo interés por parte del público. El resultado es obvio: subida de precios. La combinación de stock limitado y demanda alta está encareciendo las gráficas actuales, algo que ya se percibe en tiendas y foros, como se comenta abiertamente en Reddit.
En resumen, NVIDIA no está fallando en su estrategia. Está siendo brutalmente coherente con sus prioridades. El problema es que esas prioridades ya no pasan por el usuario doméstico. Y eso, para quien esperaba una RTX nueva este año, duele más que cualquier benchmark decepcionante.
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