Mozilla ha confirmado algo que muchos llevaban tiempo pidiendo —y no precisamente en voz baja—: a partir de Firefox 148 será posible desactivar todas las funciones de inteligencia artificial del navegador. De una vez. Sin rodeos técnicos. Sin tener que ir apagando fueguitos uno por uno.
La próxima gran actualización, prevista para el 24 de febrero, introduce un nuevo panel de controles de IA que, en teoría, pone el poder de decisión en manos del usuario. La idea es sencilla: decidir si las funciones de inteligencia artificial aparecen en la interfaz… o no. Y aquí está la clave: puedes hacerlo de forma global o con un nivel de detalle bastante fino.
Si solo te interesan funciones concretas —como la traducción de páginas directamente en el dispositivo o la generación automática de texto alternativo— y no tienes ninguna gana de que Firefox te empuje a “probar” chatbots, a integrar Google Lens o a jugar con asistentes conversacionales que no has pedido, puedes elegir exactamente qué se queda y qué se va.
Firefox 148 estrena así un panel específico de controles de inteligencia artificial, con un elemento central que destaca por encima del resto: el botón “Bloquear mejoras de IA”. Mozilla lo presenta como un interruptor de seguridad. Y técnicamente lo es. Pero el lenguaje importa, y aquí empieza lo incómodo.
Porque no, no lo llaman “desactivar la IA”. Lo llaman “bloquear mejoras”. El encuadre no es casual. Suena a que estás frenando el progreso, a que te estás disparando en el pie. Es un ejemplo bastante claro de lo que se conoce como vergüenza confirmatoria: una forma sutil —pero efectiva— de empujar al usuario a sentir que su elección es equivocada, egoísta o directamente torpe.
Si activas ese interruptor global, no solo se deshabilitan todas las funciones de IA disponibles ahora. También se bloquea cualquier función de inteligencia artificial que Mozilla decida añadir en el futuro. Todas. Sin excepciones. Y eso, curiosamente, es justo lo que muchos querían desde el principio.
Según la propia Mozilla, “hemos escuchado a muchos que no quieren tener nada que ver con la IA, y también a otros que buscan herramientas de IA realmente útiles”. De ahí, dicen, nace este nuevo sistema de controles. Escuchar a la comunidad, ofrecer opciones, respetar la elección. El discurso suena bien. Demasiado bien.
Porque este movimiento llega en un momento extraño. Mozilla lleva tiempo reconfigurándose como una empresa que prioriza la IA, hasta el punto de que el éxito interno empieza a medirse por cuántas funciones de inteligencia artificial —y cuántas de ellas monetizables— se introducen en sus productos. Visto así, permitir un apagado total parece casi una concesión forzada, no una convicción.
Y no es que las funciones de IA en Firefox hayan generado entusiasmo generalizado. Más bien lo contrario. Algo que buena parte de la industria de la “IA por la IA” se niega a admitir incluso cuando los datos y las reacciones están ahí, a la vista de todos. La propia comunicación de Mozilla deja entrever uno de los problemas de fondo: muchas de estas funciones no tienen un propósito claro.
El ejemplo más evidente es la famosa agrupación de pestañas basada en IA. Mucho ruido, muchas promesas… para acabar usando recursos de la CPU del usuario en segundo plano, ejecutando un modelo local que analiza el contenido de las pestañas solo para sugerir nombres automáticos a los grupos. Seamos honestos: es una solución buscando desesperadamente un problema. ¿De verdad alguien necesita una “IA” que le diga cómo llamar a un grupo de pestañas de compras?
Mientras tanto, Mozilla sigue publicando entradas de blog cargadas de palabras grandilocuentes y minisitios visualmente caros sobre cómo está construyendo una supuesta “alianza rebelde” de empresas de IA de código abierto, orientada al bien público y no a enriquecer a unos pocos multimillonarios. El mensaje es bonito. Las acciones, no tanto.
Ahí está el caso de FakeSpot: una herramienta excelente, con un claro valor social, capaz de detectar reseñas falsas en plataformas de compra. Mozilla la compró… y después la eliminó. En paralelo, no ha dejado de presionar a sus propios usuarios para que prueben chatbots de OpenAI, Anthropic o Copilot. Difícil no ver la contradicción.
Con todo, resulta tranquilizador ver que Mozilla, al menos esta vez, ha tenido que ceder. Especialmente después de intentos anteriores por redefinir el concepto de opt-in como una especie de “zona gris”, o de descalificar a quienes pedían un interruptor de apagado total acusándolos de “obstaculizar el progreso”. Todo eso, por supuesto, mientras se hablaba sin parar de “agencia” y “elección”.
Ahora el interruptor existe. No es perfecto. El lenguaje sigue siendo manipulador. Pero está ahí. Y eso, en el contexto actual, ya dice mucho más de lo que a Mozilla probablemente le gustaría admitir.
Fuente: OMGUbuntu
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